martes, 2 de septiembre de 2014

Wilkie Collins SÍ revisaba sus manuscritos

Y parece un tío serio y todo... 

Cuánto se sorprendería el público si supiera que todo escritor digno de ese nombre es el más severo crítico de su libro antes de que este caiga en manos de los reseñadores. El hombre que ha escrito una página con todo su fervor es el mismo que al día siguiente se sienta y la juzga sin piedad. 

Estas sabias palabras pueden leerse en La sotana negra, una magnífica novela de mi adorado Wilkie Collins de la que podéis leer la reseña que escribí para Papel en Blanco. Creo que es cierta, al menos en la mayoría de los casos, que todos hemos leído alguno de esos libros que parecen haber sido publicados sin que el autor (ni el agente... ni la editorial... ni los operarios de la imprenta...) les hayan dado más que una mirada superficial.

Por supuesto, Wilkie Collins era de la misma opinión, y sus libros a veces eran sometidos a hasta cinco procesos diferentes de revisión, entre revisiones propias, del manuscrito del copista, de la imprenta, etc De hecho, aunque la personalidad juerguista de Wilkie (ejem) nos despiste (el hecho de tener dos familias paralelas no es que ayude, claro), en realidad en lo que se refería a la escritura era un trabajador incansable.


Junto a la ventana de su estudio en Gloucester Place había una gran mesa para escribir, al lado de un viejo escritorio, el mismo que había utilizado desde sus años de escolar. Al lado había una caja que contenía las notas que utilizaba en sus relatos y para crear sus personajes. También había dos libros de recortes de periódico, uno titulado "Notas para escenas de incidentes" y el otro "Notas para personajes". Cuando finalizaba un manuscrito, lo revisaba y lo entregaba al copista, y el manuscrito de este era sometido a dos revisiones más antes de enviarlo a la imprenta. A continuación se revisaban las pruebas de imprenta, y cuando la novela, después de su serialización, aparecía en forma de libro, se volvía a corregir. 

Este extracto está sacado de la excelente introducción de Damià Alou para la edición de Cátedra, y nos da una idea bastante exacta de lo que era la vida de escritor de Mr. Collins. Una vez más, nos encontramos con la refutación de ese mito del escritor como alma atormentada que escribe en arrebatos y se dedica, básicamente, a transcribir lo que la inspiración divina le dicta.

Por suerte, o por desgracia, no es así, y la dura realidad es que para conseguir una obra de calidad hay que trabajar. Y mucho. Y a veces, ni siquiera trabajando (mucho) se consigue algo que resulte potable...  

miércoles, 27 de agosto de 2014

Clint Eastwood te enseña a trabajar (y ya de paso, a vivir)

"Seguro que dentro de unos años seguiré molando"

No os equivoquéis. No soy una superfan de Clint Eastwood. No es que no me guste, ojo, pero más allá de la admiración que me produce su capacidad para reinventar su carrera lo cierto es que no pienso mucho en él. 

Tampoco me malinterpretéis. Pasar de ser un icono del western a uno de los directores de cine más respetados no se consigue porque sí, eso está claro. Y mucho más claro me quedó cuando el otro día leía lo que se supone que es su filosofía de trabajo y, en fin, de vida. Y es que el actor y director resumía su trabajo tal que así:

Hagas lo que hagas en la vida, hazlo bien. Llega a tu hora, trabaja lo mejor que puedas y trata a la gente como te gustaría que te trataran a ti. Y después lárgate. 


Fácil y obvio, ¿no? Y sin embargo, pocas veces lo hacemos, y estoy segura de que siguiendo estas reglas tan sencillas (y tan obvias, todo hay que decirlo), el mundo sería un sitio mucho más agradable donde dejarse caer de vez en cuando. 

De modo que, con su permiso Mr. Eastwood, le voy a copiar las ideas. O al menos lo intentaré con toda mi buena voluntad, especialmente eso de llegar a la hora, que ya sabéis que al final siempre llego corriendo a todas partes porque se me van las horas, se me van... 

martes, 15 de julio de 2014

Anita Loos y el humor en la escritura

Pues esta era rubia de bote
Hace cosa de un mes terminé de leer Los caballeros las prefieren rubias; Pero se casan con las morenas de Anita Loos, un libro divertidísimo del que ya os hablé en Papel en Blanco. No es mi intención repetir otra vez lo mucho que me gustó (que lo hizo) o recomendaros que lo leais sin tardanza (que lo hago), más bien hablaros sobre la introducción del libro, en el que Loos relata las razones por las que escribió esta historia, y en concreto, su visión como escritora.

Anita Loos era, sobre todo, escritora de guiones cinematográficos y de mordaces artículos para revistas. Años veinte, Ley Seca, la industria del cine que empieza a despegar... Ya sabéis de qué ambiente os hablo. Muchas fiestas locas, muchos Gatsbys, muchas pulseras de diamantes regaladas a coristas. Una época que, como todas las épocas, no volverá a repetirse.

En este ambiente Anita, joven, guapa y muy inteligente, se da cuenta de que todas sus virtudes quedan eclipsadas en cuanto cualquier buenorra rubia entra en escena. Vamos, lo que nos pasa a ti y a mí cualquier sábado por la noche y nos conformamos con quejarnos amargamente. 

Ella no. Ella se propuso escribir una novela muy divertida. Una novela que a pesar de tratar con el engaño, la manipulación y el mero aspecto físico como carta de presentación, resulta una novela tronchante, por el simple hecho de que esa es la intención de Anita Loos. Ella misma no los cuenta así:

(...) me puse a escribir mis pensamientos, no con amargura, como hubiese hecho en el caso de ser una verdadera novelista, sino con sentido del humor que, en términos generales, puede calificarse de infantil. 

Nos dice que cualquier otro autor, como Sherwood Anderson o Scott Fitzgerald, por citar un par, hubieran conseguido escribir todo un drama con los ingredientes que ella tenía, pero ella decidió tomárselo con (mucho) humor.  Y yo, desde aquí, desde el tiempo y la distancia, se lo agradezco.

No os confundáis. Me gusta un drama como a la que más. De hecho, tengo una peligrosa tendencia al melodrama y la tragedia que comparto con otras mujeres de mi familia. Eso sí, cada una en su estilo único y singular. Sin embargo, el humor te salva de muchos peligros. Peligros mentales, me refiero, pero supongo que ya lo estabais imaginando.

Personalmente, no soy capaz de escribir desde la amargura. Es decir, los momentos duros que he vivido en mi vida no me han inspirado más que los buenos momentos. Ver una película con Russell Crowe (por decir alguien, ejem) me inspira mucho más para que escribir que el hecho de que mi novio me engañara con otra. Esa es la realidad, al menos para mí, aunque no niego que vengarse de alguien de una manera literaria también tiene su punto, no os digo yo que no.

Yo sólo digo que elijo el amor. Al menos por ahora. Y a vosotros qué os mueve más a escribir ¿el amor o el odio? 


lunes, 30 de junio de 2014

¡Nos vamos de campamento literario! ¡Camp NaNoWriMo, allá vamos!

Pues yo necesito más luz para escribir con comodidad

Junio se termina y empieza el verano. Que sí, que ya llevamos unos cuantos días con la mosca detrás de la oreja, por eso de las altas temperaturas y tal, pero para mí el verano siempre empieza justo cuando termina la feria de mi ciudad, y eso, pequeñines míos, fue el pasado sábado. Ahora toca prepararnos para esta estación, algo que me exige mucha concentración y fuerza de voluntad porque, por si no lo sabéis, el verano NO me gusta.

Menos mal que para aliviar un poco el calor sofocante están los campamentos. A mí me encantan los campamentos de verano, quizás porque tengo una imagen un poco idílica de ellos Y si es un campamento literario ya me muero de amor. Por desgracia, no todos somos lo suficientemente ricos como para pasarnos el verano en un retiro literario en, no sé, pongamos Laponia. O Madagascar. O París. No somos ricos, pero seguimos teniendo acceso a internet (al menos de momento), así que podemos irnos de campamento literario... desde casa.

Esto es precisamente lo que nos ofrece Camp NaNoWriMo, esta iniciativa tan curiosa de la que ya os he hablado un millón de veces y nunca, NUNCA, me canso de contaros. Spread the love, baby. El funcionamiento no puede ser más sencillo y consiste en darse de alta en la página (es gratuita, no os asustéis), aunque si tenéis cuenta en la web de NaNoWriMo podéis entrar con ella directamente; elegir cuantas palabras quieres escribir durante este mes de Julio y ponerte manos a la obra desde el día 1.

Más fácil imposible, gente.

Como veis, funciona exactamente igual que el NaNo, con la única diferencia que tú eliges la cantidad de palabras que vas a escribir. Con un mínimo de 10.000 palabras la decisión es toda tuya. Y, como decía aquel, debes elegir sabiamente...

POR SUPUESTO, este Julio también me voy a animar, porque yo soy así de loca y campechana, y porque quiero terminar la novela que empecé en el NaNo en Noviembre. Me he puesto 25000 palabras y he logrado convencer a Laia de que participe conmigo, porque le presión es menor cuando se comparte, o eso dicen.

Camp NaNoWriMo es el campamento de los escritores pobres y, como se suele decir, al menos te diviertes... ¿Alguien más se viene de campamento? 


jueves, 5 de junio de 2014

5 señales de que aún estoy en la edad del pavo

¡¡No soy la única!!


Me lo dijo mi hermana mientras comíamos juntas el otro día. Me dijo que aún no había superado la edad del pavo y sonó básicamente así:

Aún no has superado la edad del pavo.

A mí me salió la risita tonta, y le dije que no, qué dices, yo no tengo pavo, para nada. Pero claro, después llegué a casa, me puse a pensar en lo que me había dicho (porque yo soy muy de pensar las cosas que me dicen) y me di cuenta de que sí, es posible que una parte de mí se haya quedado en los trece años y reconocí cinco señales indiscutibles de que aún sigo siendo un poco adolescente.



Estoy en la parra


Es la primera señal, inequívoca. Puedo echarle la culpa a mi mundo interior, que es muy rico y prodigioso, pero lo cierto es que la mayoría del tiempo vivo en mi cabeza. Si me ves por la calle y no te saludo no te lo tomes a mal. Mejor párame y hazme saber que estás ahí, porque de lo contrario es muy posible que siga andando hasta que llegue a mi destino, sin haber reparado en absolutamente nada de lo que hay a mi alrededor.


Ya lo he dicho alguna vez, pero mi capacidad de abstracción es muy muy MUY alta, lo que hace que pase más tiempo en Sarahlandia que en cualquier otro lugar del mundo...



Sigo enamorada de mi amor de instituto


Sigh *_* 
A la gente se le suele pasar el crush de adolescencia con el correr de los años. Es más, la gran mayoría miráis al objeto de vuestro amor y devoción por aquella época y pensáis ¿Pero en qué estaba pensando?


Yo no. Yo sigo enamorada igual que el primer día. Lo veo y suspiro, y sé que mi amor por él permanecerá fiel e incorruptible para siempre. Porque es amor de verdad, del bueno, del imaginario, y ay amigos, ese sí que dura toda la vida...

Tengo pendiente contaros en un post cómo conocí a vuestro padre Kenneth Branagh, El que es y será siempre rey de mi corazón. Ay.



Creo en el amor romántico


Este es uno de los síntomas más claros de que sigo anclada en un punto impreciso entre los doce y los dieciséis años, porque con mi edad y mi mala experiencia debería ser un poquitín más cínica y olvidarme de amores románticos para toda la vida.


Pero no. Yo sigo. Insisto. Y así me va, pero... ¿quién no se ha sentido un poco Jane Eyre alguna vez en la vida?

Pues eso.



Risitas tontas ante chistes tontos

¿Hay algo que defina la edad del pavo mejor que un montón de risitas tontas? Yo creo que no, y  mi facilidad para reírme tontamente de cosas muy tontas es otra de esas cosas que me da pistas de que puede, es posible, que no haya dejado la edad del pavo atrás. Las últimas risas tontas han sido con mi hermana (sí, es casi omnipresente en mi vida en estos tiempos) y un juego estúpido que nos inventamos por wasap, pero en cualquier caso, no es difícil verme soltando risitas e hipidos ante cualquier vídeo idiota...


Que no, que me da mucha vergüenza... jijijiji 



Vergüenza crónica

Y este, niños y niñas, es el síntoma definitivo. El no, hazlo tú, que a mí me da vergüenza es de esas frases que aquellos estan estamos en la edad del pavo repetimos sin parar. Reconozco que yo voy por rachas, y con mi incontinencia verbal nadie pensaría que soy vergonzosa, pero lo soy y mucho, pero sólo a veces.

¿Que no lo entiendes? Pues yo tampoco pero, pensándolo bien... ¿quién entiende a un adolescente? 

martes, 3 de junio de 2014

Los cinco PEORES títulos de libros de la Historia

Nos gustan las listas. Nos gustan los datos medibles y cuantificables, y si vemos una lista allá que vamos de cabeza. Hoy os traigo una lista muy particular, un ranking de los cinco peores títulos de libros de la Historia. Un WTF? detrás de otro, porque, amigos, la gente tiene mucha imaginación y normalmente la utiliza para el mal. Cinco títulos para pensar y, sobre todo, echarse unas risas, porque bien lo merecen. 

Este ranking no lo he hecho yo. Que va. Se lo he copiado vilmente a Juan Gómez-Jurado, un escritor guapetón y muy majo que ha decido compartirlo con todos nosotros a través de su Twitter. Gracias, cari. Reírse siempre viene bien, y si es a costa de unos libros, mucho mejor.

Allá vamos...

En el puesto número 5:

Mommy Drinks because you're bad



En el puesto número 4:

What's your poo telling you?





En el puesto número 3:

Images you should not masturbate to



En el puesto número 2:

Games you can play with your pussy



Y el flamante ganador, el número 1:

The Missionary Position. Mother Teresa in Theory and Practice




Grandes títulos para, sin duda, grandes historias. Tengo uno guardado, que no es escatológico pero sí es de los mejores títulos que he visto EN MI VIDA. Le hice la foto en la Sofia City Library, y si os portáis bien os lo enseñaré algún día. 

¿Algún título horrendo para añadir a la colección?

viernes, 9 de mayo de 2014

Escritores que no escriben... ¿es posible?

Escritor es el que escribe... más o menos... 

Conocí este libro y a este autor bastante antes de que aterrizara en España. No es que sea un poco bruja (a veces sí, todos tenemos malos momentos), es que resulta que mi cuñado tiene un amigo que es amigo de Romain Puértolas, el autor de El increíble viaje del faquir que se quedó atrapado en un armario de Ikea.

Parece un chiste, pero no lo es. Ni lo de mi cuñado, ni lo del título. 

El caso es que el libro en cuestión llegaba a España a primeros de Marzo, y todos hemos visto los ejemplares amontonados en escaparates y mesas de novedades. En Francia, donde se publicó originalmente, ha sido todo un éxito de ventas. La verdad, desconozco si en nuestro país ha repetido el éxito, pero sí que es cierto que ha aparecido en bastantes medios.

Uno de ellos es la revista Grazia, una revista de esas que yo llamo cariñosamente de maris, y que compro cada vez que tengo efectivo en el bolsillo. Concretamente, en la revista de hace justo un mes podíamos leer una pequeña entrevista al autor. No me pareció gran cosa, la verdad sea dicha, pero me llamó muchísimo la atención que a la pregunta de ¿En cuanto tiempo escribiste la novela? su contestación fuera la siguiente:

En menos de tres semanas. Durante la hora del trayecto en tren al trabajo, me mandaba emails con ideas. No soy de los que se sientan a escribir. 

No sé vosotros, pero yo me quedé un poco pasmada. No voy a entrar en la calidad de la novela, porque no la he leído. Me parece fascinante que alguien escriba una novela en sólo tres semanas, será porque yo me veo totalmente incapaz de hacerlo.

Pero, sobre todo, lo que de verdad me dejó con la boca abierta fue la última frase: No soy de los que se sientan a escribir.  Imagino que esto es una metáfora, que hay algo que se me escapa, porque en serio que no puedo imaginarme a un escritor que, más tarde o más temprano, no tenga que sentarse a escribir.

Entendedme. Yo soy de las que se pasan años, AÑOS, hablando, imaginando y desbarrando sobre una novela que puede que escriba algún día. Es una fase maravillosa, y se la recomiendo a todo el mundo, pero, en algún momento, si quieres ver tu novela terminada (no hablo ni siquiera de publicación, ojo) forzosamente tienes que sentarte y escribir.

Por cojones, vaya.

Y entonces, ah mundo cruel, te das cuenta de que, por muy bonito que te pareciera en tu mente, por maravillosos que parecieran tus personajes en tu preciosa cabecita, hay que trabajar el texto. No hablo de pasarse las tardes buscando el epíteto perfecto, pero sí creo, desde mi humilde punto de vista, que hasta que no escribes, hasta que realmente te pones a ESCRIBIR, es cuando empieza el trabajo de verdad.

Igual estoy muy equivocada, no lo sé. Escritores del mundo, os agradecería vuestra más sincera opinión. Eso sí, los insultos mejor los dejamos para para otro día... 

jueves, 8 de mayo de 2014

El lujo nos hace más felices, o cómo conseguir 100 días de felicidad

Qué gran verdad...

Vuelvo de las vacaciones. Más o menos. No es que haya estado dos meses de vacaciones (ojalá), es que hace un mes que volví y sigo intentando ponerme al día. Leñe, hace cinco meses que volví a España y parece que aún no he terminado de aterrizar.

Pero no voy a hablar de eso. Hoy quiero hablaros de esta entrevista a Silvia Grijalba que leía ayer. En ella habla de su último libro, Tu me acostumbraste, novela que trata sobre el mal de amores en un entorno de lujo, por aquello de que los ricos también lloran. No es mi intención hablaros en profundidad de la novela, ya que no la he leído, pero si alguien quiere más información está publicada por Planeta. No he leído nada de esta autora, de hecho, creo que lo primero que leo suyo es esta entrevista, pero hay una declaración  que me ha llamado mucho la atención y me ha hecho pensar.


Esta novela va de gente que, a pesar de que no le va bien, se aferra a una vida lujosa y hedonista. Es una opción que puede parecer descerebrada, pero a veces el hedonismo te puede salvar de un estado terrorífico. Ese punto de frivolidad yo lo defiendo.

Y estoy de acuerdo. Puede que no de una manera literal, pero sí con la idea general. Primero deberíamos plantearnos qué es el lujo para nosotros. El lujo normalmente va asociado al precio, a un precio muy alto, se entiende, y ahí es donde no comulgo. Para mí el lujo, en su esencia, es la despreocupación. No preocuparte por el futuro, por llegar a fin de mes o por si se rozan esos zapatos que te han costado 150 euros. Ese es el lujo de verdad, y creo que es inaccesible para la mayoría de nosotros, pobre mortales.

Sin embargo, defiendo la idea del hedonismo, de rodearte de cosas bonitas y/o que te hagan sonreír, y esto, gente, muchas veces no tiene que ver con el dinero. Ojito, con mucho dinero podremos comprar muchas cosas bonitas que te hagan sonreír mucho, pero al final nos apañamos con lo que tenemos. 

Como Silvia Grijalba, defiendo ese punto de frivolidad que, creedme, es capaz de salvarte de estados mentales catastróficos. Os confieso sin pudor que algo tan pueril como pintarme las uñas de rosa brillante me ha alegrado (un poco, tampoco exageremos) la tarde. O una taza de té. O un libro. O ver un capítulo de Hannibal.

Y esto nos lleva a la segunda parte del post, y es que ayer resultó ser un día de descubrimientos. Además de la entrevista a Grijalba descubrí 100 Happy Days, y como ya sabéis que me encantan los retos le eché un vistazo.

Me encanta esta idea, gente.

Se trata de un reto en apariencia sencillo, pero que tiene un índice de abandono del 71%. ¿En qué consiste? Muy sencillo, se trata de buscar cada día algo que te haga feliz, no importa lo que sea, y hacerle una foto.  Durante cien días. Así de fácil. Y así de duro. La mayoría de la gente que abandona dice hacerlo por falta de tiempo, ya veremos qué pasa conmigo...

Sinceramente, me parece una buena idea para ver que, a pesar de todo, de lo mal que lo estemos pasando, de todo lo que lloramos, siempre, SIEMPRE, hay algo que nos saca una sonrisa. Seamos hedonistas, rodeemonos de cosas que nos gusten, de gente que nos haga sonreír.

Seamos felices. O, por lo menos, vamos a intentarlo. 

lunes, 10 de marzo de 2014

¡¡Vacaciones inesperadas!!

Haide Ciao
Es bonito cuando te sorprenden con unas vacaciones totalmente inesperadas... ¿verdad? Nos vemos a la vuelta.

Sed buenos ;)

miércoles, 5 de marzo de 2014

Reto de Escritura de Febrero: semana 4

Hacía mucho que no ponía un Keep Calm...


Antes de que digáis nada, ya lo sé.

LO SÉ.

Este post debería haberlo escrito y publicado el viernes 28 de Febrero, último viernes del mes y también el último de nuestro Reto de Escritura, pero os prometo que ha sido imposible, totalmente imposible. He estado bastante desconectada estos días porque, bueno, la vida real ha vuelto a ser mala conmigo. No voy a explayarme aquí, pero necesitaba unos días de desconexión total. En el momento en el que la salud empieza a resentirse llega el momento de parar, respirar hondo y plantearse ciertas cosas.

Estoy pasando por momentos difíciles, ya lo sabéis, y aunque cada día estoy más y más segura de que lo acabaré superando hay veces que sencillamente no puedo más. 

Creía que este reto de escritura me iba a venir bien para pensar en otras cosas, y sólo ha sido así en la tercera semana. Me cuesta muuuucho concentrarme, no sólo en la escritura, en cualquier cosa, y lo pasado este último fin de semana ha llegado justo en un momento en el que creía que estaba empezando a sentirme mejor. Ahora tengo la sensación de tener que empezar de cero otra vez y, ufff, cuesta...

Siento que el Reto haya resultado ser tan chofff. De verdad que no era lo que esperaba y tengo que trabajar en ello. En comenzar a separar lo puramente personal de lo 'laboral', por así decirlo, y que el hecho de que me llame mi ex novio para ponerme la vida patas arriba no afecte a lo que tengo que hacer, pero es un hecho que me ha afectado, y ahora me siento muy decepcionada conmigo misma. 

Espero de verdad que vosotros hayáis aprovechado la semana mejor que yo, y si habéis escrito sobre el reto y queréis compartir con los demás me encantará añadiros :) Sé que Maribel ha escrito sobre el tema, y si alguien más lo ha hecho, decídmelo porque de verdad que he andado con la cabeza loca y es bastante probable que se me haya pasado por completo...


No sabía si continuar con el Reto en Marzo, pero visto lo visto creo que va a ser mejor reservar fuerzas para el Camp Nanowrimo que empieza en Abril, e ir intentando centrarme, aunque sea un poco... En un par de semanas os contaré algo más de mis posibles proyectos para el Camp Nanowrimo de este año, pero podéis echarle mientras un vistazo al post del año pasado

Y vosotros... ¿qué planes tenéis para Marzo? ¿Vais a continuar con la dinámica de escritura semanal o preferís parar este mes? 

martes, 4 de marzo de 2014

Semana 22: Deseo

Está bien claro, ¿no?

Ya está aquí, ya llegó la semana 22 de La dieta espiritual de Francesc Miralles. Lo sé, la rima absurda ha quedado cortada pero así y todo os hacéis  una idea de mi vena poética. El capítulo de hoy lo dedicamos al Deseo y si llegas aquí buscando contenido sexual te vas a llevar un buen chasco.

En este caso el capítulo se centra en el ansia consumista que parece haberse apoderado de todos hoy en día. Ojo, que yo también me meto en el saco. Queremos más cosas, de todo y mucho. Cada uno con su tema, claro, pero yo por ejemplo tengo un montón de maquillaje, perfumes y cremas que realmente, si lo pienso bien, no necesito. Lo mismo pasa con la ropa. No digo que vayamos a ir siempre con lo mismo en modo Los Simpsons, pero también hay que hacer un ejercicio de humildad y reconocer que tenemos muuuucha ropa que nos ponemos un par de veces y luego se queda ahí muerta de risa en el armario...

Ese deseo irracional por acumular cosas que no necesitamos lo hemos sentido todos, independientemente de lo que sea que nos seduzca. Es esa vocecilla que te dice compra, compra, COMPRA cuando estás en un centro comercial y todo es muy bonito, brillante y de colores. Y sabes que NO tienes que comprar ese libro porque ahora mismo estás leyendo dos y como cuatro o cinco revistas al mismo tiempo, y en casa tienes doscientos libros en lista de espera, y tienes ese par que encargaste y ya vienen de camino pero NO IMPORTA. Lo compras. Lo besas y lo abrazas. Y llegas a casa y lo pones en la estantería y probablemente lo leerás al cabo de dos años, pero como el tiempo pasa tan deprisa pues no importa...

Todo hemos pasado por eso, confesad. ¿Sabéis el remedio? Estar en el paro. Os lo prometo. Se acaba el ansia consumista en un santiamén y miras y vuelves a mirar cada céntimo que tienes en el bolsillo para preguntarte ¿de verdad lo necesito? o (esta también me vale) ¿de verdad me va a hacer más feliz?

Si la respuesta a cualquiera de las dos preguntas es , no lo dudes. Cómpralo. La felicidad es un bien escaso y si hay algo que sabes con seguridad que te va a hacer feliz no te lo pienses por unos cuanto euros. Con matices, por supuesto, pero vamos a dar el sentido común por sentado.

Como os digo, el deseo consumista se reduce muuuuucho cuando literalmente no tienes dinero que gastar, y si algo he aprendido en estos meses es que 1) tengo cosméticos como para montar un Corte Inglés y 2) a todo se acostumbra una, de modo que, bueno, este capítulo la verdad es que no me ha motivado demasiado.

Sin embargo, para la semana que viene me tengo que aplicar bien el cuento porque vams a tratar un tema estrella, el Pesimismo. Os dejo los deberes, aunque hacen referencia directa al contenido del capítulo, así que igual os resulta un poco más complicado:

1. Repasa la lista de Friedman y la de Watzlawick para buscar qué leyes de la infelicidad estás cumpliendo.

2. Decide eliminar al menos una de estas disfunciones cada semana, empezando ahora mismo, sin más demora.

3. Compra en una librería las memorias de algún optimista empedernido para descubrir qué hacía él o ella que tú no hagas. 



jueves, 27 de febrero de 2014

Librosutra o 24sutra, posturas por y para los libros



Todos conocemos el Kamasutra, aunque algunos lo conocen mejor que otros. Pero no estoy aquí para hablaros de vuestra falta de pericia sexual, si no para mostraros el librosutra o 24sutra que han ideado los chicos de 24symbols. Veinticuatro posturas lectoras la mar de sugerentes...




Por si no lo conocéis, 24symbols es una plataforma para leer online en la que pagas una tarifa plana al mes (5, 7 o 9 euros, dependiendo del tipo de suscripción)  y accedes a todos los libros que te de la gana, o que seas capaz de leer, claro. También tienen una buena selección de libros gratuitos, por lo que aunque andeis justos de eurillos siempre es buena idea darse de alta. Yo tengo la cuenta gratuita y aunque ahora hace ya bastante que no entro, sí que he leído algún que otro libro con ellos. 





Podéis ver todas las posturas lectoras de este 24sutra en este enlace y como podréis apreciar no les falta un detalle. De Drácula a Sísifo, pasando por Lolita o Sherlock Holmes, aquí aparecen veinticuatro grandes protagonistas de la literatura universal en su versión lectora. ¿Mi favorita en este momento? Madame Bovary, porque a veces nos merecemos un momento de languidez...

Más información | 24symbols

miércoles, 26 de febrero de 2014

Semana 21: Decir sí (cuando quieres decir no)

Más fácil decirlo que hacerlo.

Por cuestiones del directo llegamos a la semana 21 de La dieta espiritual de Francesc Miralles un día más tarde de lo acostumbrado. Esta semana nos enfrentamos a un problema que todos hemos sufrido alguna vez, en mayor o menor medida, y es decir sí cuando en realidad queremos decir NO, un no normalmente bien grande y sonoro.

Todos, en alguna u otra ocasión nos hemos visto obligados a decir que sí en circunstancias que querríamos decir no. Un amigo te pide que le ayudes con su mudanza el día que tienes libre, por ejemplo. Lo que se dice apetecerte, pues como que no te apetece, pero bueno, es tu amigo y necesita tu ayuda, por lo que dices que sí. Esto es normal y demuestra que eres una persona maravillosa.

Lo que no es tan normal es que tu "amigo" te pida favores cada día libre que tienes porque sabe que eres incapaz de decirle que no. Cuando cruzamos cierto límite lo mejor es plantarse, pero claro, cuesta mucho, sobre todo porque no queremos tener un enfrentamiento con esa persona o no queremos quedar mal. Decir NO cuesta, pero hay ocasiones en las que más nos vale hacerlo o estaremos perdidos.

Por supuesto, yo también he vivido esta desagradable circunstancia de verme obligada a decir que sí cuando en realidad quería decir que no, pero la más persistente ha estado directamente relacionada con el blog. Ya sabéis que escribo para Papel en Blanco, un blog de libros y literatura. En él escribo noticias literarias y reseñas de libros que voy leyendo. Algunas veces las editoriales me envían ejemplares de manera gratuita para que los lea, aunque nunca, por política de empresa, estoy obligada a hacerle una reseña, y mucho menos que esta sea positiva.

Hasta aquí todo bien, pensaréis. Me envían libros gratis y yo decido si leo o no. El problema llegó cuando comencé a recibir montones de mails de editoriales y de autores autopublicados pidiéndome que por favor leyera sus libros. Por favor, literalmente.

Imaginaos el mal rato, especialmente con los autores autopublicados. Soy consciente de que enviar sus obras a blogs y prensa es la única manera que tienen de conseguir que su libro comience a ser conocido, pero es que NO ME DA TIEMPO A LEER TANTO. 

De verdad que no. Tengo mi casa literalmente llena de libros que sé que voy a tardar años en leer, sigo comprando y me siguen regalando libros. De modo que, por ahora, sólo acepto aquellos libros que de verdad me interesen y que sé que voy a leer. Me ha costado, no os creáis, pero es que incluso dedicando las 24 horas que tiene un día a leer me daría tiempo a todo. Al principio me sentía un poco culpable pero es que es imposible.

Así que ahora doy las gracias de la manera más educada posible y les expongo mis razones: el libro no me interesa lo suficiente, no tengo tanto tiempo para leer etc. Es la verdad, pura y dura, y lo cierto es que estoy orgullosa de cómo conseguí superar la presión social de editoriales y autores.

La semana que viene nos dedicaremos al deseo, sin connotaciones sexuales ojo, y los deberes son bastante sencillitos. Más o menos. 

1. Como Elaine St. James, haz una lista con todas aquellas cosas que te cuesta-dinero, tiempo o energías- mantener y piensa de cuáles podrías prescindir.

2. Elabora un plan ordenado para ir reduciendo esa necesidad para simplificar tu vida. proponte tachar un elemento de la lista cada semana. 

Y vosotros... ¿en qué circunstancias decís sí cuando en realidad queréis decir no? 

viernes, 21 de febrero de 2014

Reto de Escritura de Febrero: Semana 3

Me gustaría deciros que he escrito hasta dejar el lápiz así,
pero sería una mentira cochina.

Hoy llegamos al final de la tercera semana de nuestro reto de escritura para este mes. Curiosamente, a pesar de ser la semana en la que menos he escrito, en realidad es cuando más contenta estoy y os lo voy a explicar en un momento. Ojo, no os llevéis a error, el reto está siendo mucho mas frustrante de lo que me esperaba, pero al menos he conseguido terminar la semana sin esa sensación de ohdiosmíosoylopeorymerezcomorir.

Es un gran paso, no os creáis. 

El lunes (o puede que el martes, ahora no estoy segura)  escribí poco más de trescientas palabras para añadirlas al capítulo dos del relato steampunk que os comenté la semana pasada. Sobra decir que estoy firmemente convencida de que esas trescientas palabras en realidad sobran, pero no estamos discutiendo eso. Al menos no ahora mismo.

Pensaba continuar por ahí y escribir el tercer capítulo de ese relato que bien saben los dioses que tendría que estar acercándose ya a su final y ni de coña, pero el caso es que el martes vi un concurso de microrrelatos que me pareció bastante interesante, de modo que me lié la manta a la cabeza y escribí no uno si no dos, DOS microrrelatos.

Es que estaba en racha...

En cualquier caso, os cuento un poco cómo el concurso por si os interesa. Se trata del I Premio de Microrrelatos RNE y lo ha puesto en marcha RNE (obvio...) y CEGAL. Pueden participar microrrelatos de hasta 200 palabras, tiene que incluir la palabra librería y el plazo es hasta el 18 de Mayo. 

¿El premio? Un lote de 100 libros elegidos por CEGAL, y más me vale no ganar, que no sé yo dónde voy a meter más libros... 

Si os interesa participar, aquí podéis leer bien las bases completas, cosa que ya sabéis que os recomiendo hacer SIEMPRE, que muchas veces por no leer bien las cosas y por un fallo tonto al final podemos quedarnos sin el premio.

Resumiendo, si cuento todas las palabras escritas me da como suma total una mierda menos de ochocientas, pero a pesar de todo estoy contenta. No jubilosa, como esperaba estar cada viernes de este mes, pero al menos no me siento tan mal como los viernes anteriores, pero bueno, vamos mejorando...

Y vosotros ¿cómo vais? ¿funciona la cosa? 

martes, 18 de febrero de 2014

Semana 20: Dudas

Si Kenneth tenía dudas... ¿cómo no las voy a tener yo? 

Llegamos a la semana 20 de La dieta espiritual de Francesc Miralles, una de las pocas dietas con la que no vas a pasar hambre. Esta semana nos habla de las dudas, esas dudas que todos tenemos de vez en cuando y que nos atenazan y nos impiden actuar.

Creo que la clave de las dudas, del hecho de dudar, no es estar indeciso entre unas cuantas opciones. Creo que tiene mucho más que ver con el miedo a equivocarnos, a elegir una opción y darnos cuenta después de que hemos metido la pata hasta el cuello. Evidentemente, no es lo mismo elegir entre una tapa u otra cuando salimos un viernes por la noche (aunque siempre te acabas dando cuenta de que lo que han pedido los demás tiene mejor pinta que lo tuyo) que elegir una casa que vas a comprar, dejar tu trabajo por otro o tener un hijo o no.

Esas son las decisiones que cuestan y ay amigo, en la mayoría de los casos, si la cagas, tienes un problema...

En este momento yo misma me encuentro hecha un mar de dudas. Siempre he sido una persona bastante proactiva, no es por halagarme, pero es la verdad. Siempre he intentado hacer varias cosas a la vez, buscar nuevas opciones y oportunidades para enriquecer mi vida y todo ese rollo, pero ahora mismo me siento, no sé, un poco rara.

Creo que chofffff define a la perfección el estado en el que me encuentro.

Para estos meses tenía planeadas una serie de cosas que, dada mi nueva situación personal, ahora ya o no son posibles o no tienen importancia, de modo que me veo un poco superada por las circunstancias. Lo malo de una ruptura sentimental no es sólo el dolor por ver como tu novio te deja por otra. Eso duele una barbaridad, os lo aseguro. A ese dolor tienes que sumarle el hecho de cambio de planes inesperado. Y ahí es cuando llegas a la temida pregunta:

¿Qué coño hago con mi vida? 

Los planes de futuro se han ido a la mierda por lo que, o recalculas la nueva ruta, o te quedas en la cuneta para siempre. Creedme, ahora mismo tengo la impresión de que me voy a quedar en esta cuneta el resto de mi vida y eso me aterroriza. Intento luchar contra la apatía,  contra el dolor sordo, contra la añoranza, pero lo cierto es que me cuesta, y mucho. 

Y sí, tengo miles de dudas sobre mi futuro. Si hacer esto o aquello, si decidirme por A o B, si esta opción es mejor que esa otra. Y, por supuesto, los días van pasando y no termino de verlo claro, y aunque espere algún tipo de revelación divina (o cosas igualmente imposibles), es un hecho que sólo una misma puede poner  fin a esta espiral de muerte y destrucción. 

En fin, en eso estoy, y si tenéis consejos y/o sugerencias, serán más que bienvenidas :)

El tema para la semana que viene es algo complejo, y es esa manía de decir sí cuando en realidad queremos decir no, y tengo un buen puñado de historias para contaros sobre eso. Las tareas para esta semana son las siguientes:

1. Visiona la película El apartamento, en la que el personaje interpretado por Jack Lemon acaba durmiendo en la calle porque se siente obligado a prestar su vivienda a sus jefes.

2. Analiza en que situaciones dices sí, cuando desearías decir no.

3. Prepara tu argumentación del  "no positivo" para la próxima vez que tengas que responder a una demanda de este tipo. 

Y vosotros... ¿tenéis dudas? ¿sobre qué? 

viernes, 14 de febrero de 2014

Reto de Escritura de Febrero: Semana 2

Es como ver mi vida en una viñeta... 
Por poco. No es por alarmaros, ese no es mi estilo, pero casi nos quedamos sin post hoy. Un problemilla con Internet que no se ha solucionado hasta poco antes de la comida ha hecho peligrar esta entrada. Que no pasa nada, se escribe mañana y ya está, pero me estaba planteando incluso la posibilidad de irme a casa de algún familiar a escribir.

Y todo por vosotros, bizcochitos míos. 

Y ahora, vamos al ajo. Hoy se cumple la segunda semana de nuestro reto de escritura para este mes de Febrero, y de verdad espero que os esté yendo mejor que a mí, porque esto es un desastre. Que yo tengo mucha culpa, ojo, no lo niego, pero concentrarme me está costando la misma vida. Me consuela un poco el hecho de que me cuesta concentrarme en todo lo que hago (leer, escribir, ver una película, fregar el baño, y más...), pero la realidad, pura y dura, es que esto no está funcionando como debería. 

He escrito, sí, esa no es la cuestión. He escrito lo que pensaba escribir, el capítulo dos de algo que podría ser un relato corto y que al fina será, pues, yo que sé, un relato largo. Un total de 1128 palabras, cuatro páginas de una historia steampunk que ya se me está yendo de las manos (en sólo dos capítulos y poco más de seis páginas, es un record personal, en serio) y que no debería ser así.

Sí, estoy indignada. Conmigo misma, ojo, vosotros no tenéis la culpa, mami os quiere. 

Lo peor de todo, lo que más me enfada es que, mientras estaba escribiendo lo de esta semana, no podía dejar de pensar en otra historia más larga que escribiré más adelante algún día. Supongo. Me mata ese autoboicot que hace mi propia mente y me cuesta concentrarme en lo que estoy escribiendo en ese momento. Por un lado me gustaría ser tan fuerte como para decir No, estoy escribiendo esto y lo demás que espere, pero por otro lado me cuesta mucho más no para parta apuntar esa magnífica imagen mental que se me acaba de ocurrir y que, por supuesto, no tiene nada que ver con lo que estoy escribiendo en ese momento.

¿Os pasa también a vosotros? Por favor decidme que sí, que no soy la única que se va por las ramas y tiene serios problemas de concentración. Para los que no tengáis ese problema en concreto... ¿cómo os ha ido la semana? ¿Habéis escrito lo que queríais? 

Ya me diréis... 


Fotografía | Ronnie Arias 

miércoles, 12 de febrero de 2014

Los cinco regalos que NO voy a tener este San Valentín

Que no os engañen. San Valentín no es la fiesta del amor. Si me apuráis, ni siquiera es la fiesta de los enamorados. Es, para decirlo con toda propiedad, la celebración de los que están enamorados y ADEMÁS son correspondidos. 

Os puede parecer sólo un matiz, pero ay amigos, la vida es un juego de sutilidades.

Pasar de San Valentín cuando no estás enamorada es fácil. Pasar de San Valentín cuando tienes pareja es mucho más fácil. A nosotros no nos hace falta, nos demostramos nuestro amor todos los días, y esas cosas que se dicen. Lo verdaderamente difícil, lo que de verdad duele es tener que ver como el hombre al que quieres está celebrando San Valentín con otra. 

Eso, amigos, es lo que normalmente se llama una patada en los ovarios, y sí, duele bastante.

Ya sé que San Valentín no funciona como los Reyes Magos, por mucho que le pida un regalo no me lo va a dejar a los pies de la cama, pero vamos a intentarlo. En un ingenioso ejercicio de imaginación, os voy a contar lo que me hubiera gustado recibir este viernes entre grititos de sorpresa y besitos de amor.


Conjunto mono de Sephora

Si alguna vez tenéis que comprarme un regalo y no sabéis qué, buscad algo en un Sephora. Será muy difícil que no acertéis. Para esta ocasión, han preparado un pack de geles y jabones decorados con corazoncitos monísimos, y aunque ahora estoy en horas bajas, siempre he sido muy fan de los corazones. La estrella de la corona es el gel de ducha en el que pueden escribir un mensaje personalizado, ya sea Te quiero mogollón o Te dejo por otra, chata. Eso ya es muy personal...


Teterum



El té es otra de esas cosas con las que acertáis seguro. Me gusta Teterum, aunque nunca lo he probado, porque funciona como las suscripciones a las cajitas de belleza. Es decir, pagas una cantidad fija cada mes y ellos te envían una selección de tés variados. Me había gustado mucho el Pack de San Valentín, y a punto estuve de pedirlo para mí misma, pero no lo hice y ahora veo que está agotado.  En cualquier caso, os podéis hacer una idea.


Reloj Swatch 



Con esto que os voy a decir probablemente os vais a reír de mí, pero nunca he tenido un reloj Swatch. Eso me deja fuera, de manera automática, de ser una chica cool, pero es lo que hay. Todos los años sacan un especial amoroso, y aunque el de este año no es mi favorito, no me importaría que, en palabras textuales, envuelva mi amor en un abrazo rojo y blanco. En fin...

Fortnum & Mason



Si un par de párrafos más arriba soñaba con té, ahora mi corazón late deprisa por las tazas y teteras de Fortnum & Mason. Aquí el presupuesto se dispara, pero eso no es impedimento cuando se quiere con locura a alguien, ¿verdad? Por supuesto, en la web tienen un apartado con una selección especial para San Valentín, pero a mí lo que me vuelve loca es la porcelana y los accesorios para el té. A efectos prácticos, no sé muy bien qué iba a hacer yo con una tetera chapada en plata de quinientas libras, pero todos tenemos sueños locos, ¿no?


Juego de Tronos



Sí, lo sé, es el regalo menos romántico de la lista, pero es algo que quiero tener de verdad, de corazón, así que tampoco está mal ponerle las cosas fáciles a San Valentín. Se trata de la tercera temporada de la serie en dvd y yo ya estoy soñando con ella.  Hay poco que añadir a este regalo, la verdad, tan sólo que sale a la venta el día 17, pero yo soy muy paciente (ejem) y puedo esperar. No hay problema, en serio. 



En fin, me voy a seguir soñando... 

martes, 11 de febrero de 2014

Semana 19: La Perfección

Ella sí que es perfecta en todo

Otro martes que volvemos a La dieta espiritual de Francesc Miralles y os aviso que ya van quedando pocos capítulos... El de esta semana es La perfección, o más bien, lo infelices que podemos llegar a ser buscando algo que no existe.

Admitamos que vivimos el mejor de los tiempos y el peor de los tiempos. Se nos exige ser perfectos, o casi. Mejor quitamos el casi. Tenemos que ser guapos, estar en forma, ir vestidos, peinados, maquillados con buen gusto y a la moda, tener un buen trabajo, tener un buen sueldo (no siempre va unido), una pareja que nos quiere y nos respeta, una familia, una casa, viajar, hacer buenas fotos, escribir bien, y, a pesar de todo, ser felices.

Es imposible. Lo sabemos. Nos lo dicen nuestros genes. Nos lo decimos cada mañana, mientras nos pintamos la raya del ojo sin salirnos y nos tomamos el té a toda prisa. Y aún así, lo intentamos. Y nos sentimos unos fracasados cuando nos damos cuenta que no, no somos perfectos.

Ni mucho menos.

El capítulo de hoy más que a la perfección es un canto a la imperfección, y sobre todo,  ese concepto molón que es el wabi sabi, y ya sabemos que aquí todo lo que sea extranjero nos mola más. Mucho más. El wabi sabi te viene a decir cosas como estas

Nada dura, nada está completado y nada es perfecto. 

Por supuesto, el concepto se ha aplicado a todo aquello que pueda ser vendido, desde lámparas a camisetas, pasando por muebles de jardín o alfombrillas de ratón. Nos habla de la fugacidad de la vida, del amor, el todo cambia y nada permanece con tintes zen. 

Los deberes para esta semana nos decían que teníamos que hacer una lista de nuestros defectos más encantadores. No os voy a contar todos mis defectos porque no acabaríamos nunca soy muy tímida, pero creo que uno de los más notables es mi capacidad para rumiar hechos del pasado sin llegar a ninguna solución. Ese me encanta, en serio.

Nos decían que habláramos de defectos que nos aportaran carácter o singularidad, y aquí es cuando os digo que hablo mucho. DEMASIADO. Y no, no es un exageración. No paro de hablar, y tengo que estar muy triste o muy enferma para no hablar por los codos.

También me ha quedado claro que Edison no es bien recibido en este blog, y me han entrado ganas de leer Relámpagos de Jean Echenoz, una novela dedicada a Tesla que anda por casa desde que la publicaron.

Para la semana que viene el tema a tratar serán las dudas, esas zorras que nos asaltan y nos paralizan, y nos impiden tomar una decisión, sea correcta o equivocada. Hay deberes, siempre hay deberes:

1. Analiza qué aspectos de tu vida están paralizados, o no funcionan como deberían, debido a las dudas o a una desatención por tu parte.

2. Cada día de esta semana tomarás una decisión importante sin miedo a equivocarte. Si anotas los resultados en un documento, descubrirás que los aciertos siempre superan a los errores. 

lunes, 10 de febrero de 2014

Roald Dahl sobre la escritura

Y ahora necesito un sillón como ese 

Ayer por la mañana, en un intento de compensar el mal tiempo y la tristeza, me puse a leer a Roald Dahl. El libro elegido fue Boy, una especie de autobiografía en la que el autor se centra en su infancia y sus años escolares en colegios privados ingleses. Es un libro divertidísimo, a pesar de la dureza de muchas de las anécdotas que nos cuenta, y es inevitable soltar una buena carcajada de vez en cuando.

Roald Dahl es para mí uno de esos autores mágicos a los que recurrir en caso de problemas. Ocupa, más o menos, el mismo lugar que Ray Bradbury en mi panteón particular de escritores, y aunque sus estilos son muy diferentes, los dos tienen esa visión extraordinaria de la realidad y sus historias siempre consiguen hacerme reír o llorar, o incluso ambas cosas a la vez.

Como os digo, 'Boy' es un relato de sus andanzas infantiles, pero hacia el final del libro, Dahl nos suelta todo un párrafo sobre el oficio de escribir, y es eso precisamente lo que quiero compartir con vosotros. El autor también tiene otro relato, Pan comido, en el que narra precisamente cómo se convirtió en escritor, y es sin dudarlo una de los mejores historias sobre la vida de un escritor que he leído nunca. Creo recordar que está incluido en Narraciones extraordinarias, pero a veces la memoria me falla.

Y aquí tenéis los pensamientos que el maestro recoge en 'Boy'.

La vida de un escritor es un verdadero infierno comparada con la de un empleado. El escritor tiene que obligarse a trabajar. Ha de establecer sus propios horarios y si no acude a sentarse a su mesa de trabajo no hay nadie que lo amoneste. Si es autor de obras de ficción, vive en un mundo de temores. Cada nuevo día exige ideas nuevas, y jamás puede estar seguro de que se le vayan a ocurrir. Dos horas de trabajo dejan al autor de ficción absolutamente exhausto. Durante esas dos horas ha estado a leguas de distancia, ha sido otra persona, en un lugar distinto, con gente totalmente distinta, y el esfuerzo de volver al entorno habitual es muy grande. Es casi una conmoción. el escritor sale de su cuarto de trabajo como aturdido. Le apetece un trago. Lo necesita. Es un hecho que casi todos los autores de ficción beben más whisky del que les conviene para su salud. Lo hacen para darse fe, esperanza y ánimo. Es un insensato el que se empeña en ser escritor. Su única compensación es la libertad absoluta. No tiene quien le mande, salvo su propio espíritu, y eso, estoy seguro, es lo que le tienta. 


¿Qué os parece? Yo lo suscribo todo, excepto lo de la bebida ;)  

viernes, 7 de febrero de 2014

Reto de Escritura de Febrero: Semana 1

¿Qué pasa? Me gusta ponerme mona para escribir 

De mejor o peor manera los días van pasando, y ya hemos llegado a la primera fecha de plazo para escribir un relato del Reto de Escritura de Febrero. Una semana justa, para pensar qué vais a escribir y, desde luego, escribirlo.

Tengo curiosidad por saber cómo habéis afrontado esta primera semana. ¿Tenías claro qué ibas a escribir? ¿Has rebuscado entre tus notas? ¿Te has sentado a pensar qué es mejor en este momento? Sólo era una semana y sólo era un relato pero aún así la curiosidad me corroe.

En mi caso, durante el fin de semana estuve pensando qué me apetecía escribir. Me lo tomé con tranquilidad, no os creáis. Al fin y al cabo, tenía otros cinco días por delante, no había prisa. Así que eché un vistazo a lo que tengo a medias, miré mi libreta de apuntes absurdos (otro día os hablo de ella, os lo prometo), apunté un par de ideas absurdas más, y me dediqué a ver películas y a estar con mi familia, con la intención de, en cuanto empezara la semana, ponerme manos a la obra.

Pero claro, yo no contaba conque la semana iba a empezar de una manera tan horrible. Terrible de verdad, no os estoy exagerando, de modo que lunes y martes se me fueron, literalmente, a la mierda. El miércoles cuando me senté a escribir aún andaba con la resaca emocional, así que, por mucho que lo intenté, no cuajó. 

Escribí un párrafo. Me quedé pensando en las musarañas durante diez minutos. Escribí dos líneas. Lloré durante veinte minutos mortificándome por lo desgraciada que soy. Revisé lo que había escrito hasta ese momento, y bueno, no es que sea un genio por lo general, pero aquello era una puta basura que no iba a ninguna parte, de modo que me resigné y me porté como una valiente.

Es decir, lo borré todo y lloré durante otros quince minutos. 

Me puse a hacer otras cosas, con intención de 'limpiar' un poco la cabeza y esperanzada a que se me ocurriera algo con lo que trabajar. Dio resultado, aunque tardé más de lo que pensaba, pero por la noche ya tenía, más o menos, un pequeño germen con el que empezar a trabajar. Lo apunté, con la intención de ponerme con ello en cuanto me levantara al día siguiente.

Y así llegamos, niños y niñas, al jueves, es decir ayer. Sí, lo se. Al final como siempre, el último día y bla bla bla. No me voy a disculpar, porque no tengo disculpa. Pero en fin, aunque fuera el último día, el caso es que escribí un relato. 

Y eso es lo que cuenta, ¿no?

Tres páginas. 1026 palabras. No es mucho, lo se, pero mis historias suelen ser así de cortas o tener cientos de páginas que no llevan a ninguna parte, de modo que no me quejo. No es lo mejor que he escrito en mi vida ni de lejos, ni en broma, ni en sueños. Es un cuento extraño, con una niña que nace amparada por la Muerte y ve más de lo que debería ver. 

No está revisado, con deciros que ni siquiera le he pasado el corrector del word os hacéis una idea de hasta que punto NO lo he revisado. No creo que este relato vea nunca la luz, al menos no tal y como está ahora, y me temo que por el momento se va a quedar tal y como está a la espera de tiempos mejores.

La verdad es que tengo una sensación agridulce con esta primera semana del reto de escritura. No es que esperara escribir muchísimo ni una obra maestra, pero sí tenía la esperanza de que me ayudara a concentrarme en algo concreto para evitar seguir dándole vueltas al tema de siempre. Y lo cierto es que he fracasado, esa es la verdad.

Espero que para esta próxima semana la cosa vaya mejor y, a no ser que cambie de idea en el último momento, quiero continuar una historia steampunk que empecé hace bastante tiempo y que necesita al menos dos o tres capítulos más para estar completa. Para esta semana quiero continuar con el segundo capítulo de esa historia, a no ser claro que se me ocurra algo y necesite ponerme a escribirlo sin falta, ya me entendéis...

El nuevo 'plazo' es el viernes que viene, 14 de Febrero, San Valentín, el Día del Amor y todo ese rollo. Recordad que NO tenéis por qué escribir historias de amor. Yo sólo aviso. 

¿A vosotros cómo os ha ido la semana? ¿Habéis escrito lo que queríais? ¿Estáis contentos con el resultado? Contadme, anda.  

martes, 4 de febrero de 2014

Semana 18: La impaciencia

Esta es la peor de todas
Vuelvo a tener sentimientos encontrados con el capítulo semanal de La dieta espiritual de Francesc Miralles. Esta semana la dedicamos a la impaciencia, y en cuanto vi el título pensé venga, vale, otro capítulo en el que me van a sacar un montón de defectos.

No me ha ocurrido con todos, de verdad. Tengo mis fallos pero no soy una persona tan horrible.

A lo que íbamos. La paciencia no es, precisamente, una de mis virtudes. No llego al nivel de mi hermana (la dulce spoileadora), pero suelo quererlo todo para ayer. Podéis echarle la culpa a esta terrible sociedad que aboga por la gratificación inmediata y bla bla bla, pero las cosas son como son. 

Ejemplo práctico. No sé cuando fue la última vez que en mi familia nos dimos un regalo en su fecha (cumpleaños, Navidades, santos, etc). No exagero. Lo nuestro suele ser, con pequeñas diferencias, más o menos así:

Yo: Te he comprado una cosa, pero no te voy a decir lo que es y no te lo voy a dar hasta el día de la celebración.
Otro miembro de mi familia: Oh, no, por qué me haces esto, no puedo, me muero, me muero, dímelo, dámelo o mátame...

Los roles son intercambiables, siempre. También hay otra variante, tal que así:

Cualquier miembro de mi familia: Te he comprado un cosa... ¿Te digo lo que es? ¿Te lo doy?

Supongo que, realmente podría echarle la culpa a mis padres. Más bien a mi padre, mi madre sí es paciente. De hecho, mi hermana y yo hemos copiado todos los malos hábitos de mi padre y ahora mismo me estoy dando cuenta de que igual puedo demandarlo o algo.

No llevo bien las esperas, esa es la cruda realidad. Imagino que es por la incertidumbre, y también, no lo vamos a negar, con mi alto poder de imaginación. Vosotros no le veis sentido, pero os aseguro que lo tiene. Tengo mucha imaginación. MUCHA. Y mientras estoy en ese estado de espera, de incertidumbre, puedo imaginarme muchas variantes de un posible futuro. Da igual que sean regalos o la respuesta a una entrevista de trabajo, el caso es que cada minuto que me dejes en ese estado de indefensión más expectativas iré creando, y no respondo de mí en esos casos...

Sin embargo, y para que conste, suelo tener bastante paciencia con los demás. No soy mala como profesora, y eso que he tenido a alumnos de diversificación con los que tenía que repetir lo mismo bastantes veces... Tampoco me agobia esperar en colas o atascos, a no ser que tenga algo muy muy urgente que hacer, pero normalmente lo llevo con tranquilidad. En general, podemos concluir que soy bastante impaciente conmigo misma.

Y con los regalos. Especialmente con los regalos.

La próxima semana nos toca La perfección, y es que hay veces que nos da el síndrome Mary Poppins y no hay quien nos aguante... Aquí tenéis las tareas:

1. Realiza una radiografía por escrito de aquellos aspectos imperfectos o irregulares que te hacen único como persona. Analiza cuáles de ellos son claramente perjudiciales y cuáles te aportan carácter o singularidad.

2. Dedica un par de horas de esta semana a estudiar la historia de grandes personajes, como Edison, que gracias al fracaso continuado acabaron triunfando.

3. Decide en qué puedes fracasar repetidamente para hacerte experto en algo que te sirva. 


Y vosotros... ¿de paciencia cómo andáis? 

lunes, 3 de febrero de 2014

VIII Edición del Premio Málaga de Novela

¿Os animáis? 
La verdad es que vamos un poco justos de tiempo para esta Octava Edición del Premio Málaga de Novela, pero aún así no me he resistido a compartir las bases con vosotros. En efecto, el plazo termina el próximo día 21 de Febrero, por lo que tenéis el tiempo justo para echarle un último vistazo y enviarlo, pero por mí que no quede...

El premio lo convoca el Instituto Municipal del Libro del Ayuntamiento de Málaga junto con la Fundación José Manuel Lara, y está dotado con dieciocho mil euros más la publicación de la novela. Desde mi punto de vista no está nada mal, y no lo digo sólo por el dinero (que siempre viene bien, aunque sean cincuenta céntimos), más bien a la publicación de la obra, que supone el espaldarazo definitivo a nueva carerra como autor.

La novela puede ser de temática libre pero tiene que ser inédita para poder optar al concurso. La extensión mínima deben ser 160 páginas utilizando la letra Arial tamaño 12, y, muy importante, el formato elegido debe ser pdf. En cualquier caso, recordad que tenéis que leer con mucho cuidado las bases completas para después no llevaros sustos desagradables...

Otro dato a tener en cuenta es que las novelas se presentan a través de este formulario en la propia página web.  Me gusta mucho este sistema, por varias razones. No hay que imprimir, con el consiguiente ahorro de papel y dinero, y además, evitamos hacer el envío por Correos. No seré yo quien hable mal del servicio de correos de este país (aunque algún día os contaré algunas historias terroríficas), pero de esta manera además de ahorrarte el envío propiamente dicho, con lo que pesa un fajo de folios, también tienes una confirmación más rápida de que tu novela ha llegado a su destino, evitando ese estado de ansiedad que todos conocemos de ¿habrá llegado bien? ¿no se habrá perdido por el camino?

En cualquier caso, recordad que yo NO soy quien convoca este premio, sólo me limito a contároslo porque creo que si tenéis alguna novela terminada puede ser una buena oportunidad. Nunca se sabe, ¿no?  


Más información | Fundación José Manuel Lara